SIN TÍTULO

Siempre he comentado y pensado que hay títulos que merecen una obra. Ahí están “La insoportable levedad del ser” o “La sombra del ciprés es alargada”. Obras de arte que engloban y a la vez envuelven en una retroalimentación a la propia escritura de tomo y lomo, esto es al fin constructivo por el que fueron creadas, ingeniería para cruzar un río caudaloso donde al final sólo queda el puente y una cicatriz de lo que allí surcó.

Recién cumplida la cincuentena, no soy de este mundo. No he tirado la toalla ni vengo de vuelta. Ni entiendo ni quiero que me entiendan. Ya nos echaban de lado, pero con esto de la pandemia, todos empezamos de cero, pero a nosotros nos acompaña un decimal más.

El polvo es la gamuza, el arte es el receptor y la pandemia somos los vivos. La agilidad vital fundamenta la existencia, esa que es leve y alargada. La algarada mortal, la entropía inversa inunda las cabelleras hirsutas de la planicie alpina donde desembocan las almas enconadas sin raíces en la nueva realidad, monte sin plumas, venus helado y sombras claras. Después de cristo y antes de covid, en minúsculas, como nosotros.

Los textos cortos, como en Twitter, (aquí vendría ahora un emoticono) en mayúscula, universo cabreado. Los más jóvenes sólo quieren vídeos, no leen, esto es entender un mosaico, ellos entienden piedras sueltas. Es su mundo, no este, que yo ya tengo el mío, y como es redondo, no me van a echar de el. Es imposible.

Ahora, en esta estratosfera y psicoesfera sólo queda acomodarse en el peor sentido de la imagen. Ya no hay acomodadores en los cines y los ancianos degustan yogures y los niños ya no son niños, son levemente la estulticia de sus cortas sombras. Menos duró un imperio. Así, en minúsculas para el que se las merece.

G.R.M.

NO TITLE

I have always commented and thought that there are titles that deserve a work. There they are “The unbearable lightness of being” or “The shadow of the cypress is elongated.” Works of art that encompass and at the same time involve in a feedback to the own writing of volume and spine, this is the constructive end for which they were created, engineering to cross a mighty river where in the end only the bridge and a scar of what remains that there furrowed.

Just turned fifty, I’m not from this world. I have not thrown in the towel nor am I coming back. I neither understand nor want to be understood. They already put us aside, but with this pandemic, we all started from scratch, but we are accompanied by one more decimal place.

The dust is the chamois, the art is the receiver and the pandemic is the living. Vital agility bases existence, that which is light and long. The deadly riot, the inverse entropy floods the shaggy hair of the Alpine plain where the festering souls without roots flow into the new reality, a mountain without feathers, frozen Venus and clear shadows. After christ and before covid, in lowercase, like us.

The short texts, as in Twitter, (here now an emoticon would come) in capital letters, pissed off universe. The youngest only want videos, they don’t read, this is understanding a mosaic, they understand loose stones. It is their world, not this one, I already have mine, and since it is round, they will not throw me out of it. It is impossible.

Now, in this stratosphere and psychosphere, it only remains to accommodate in the worst sense of the image. There are no longer ushers in the cinemas and the elderly taste yogurts and children are no longer children, they are slightly the stupidity of their short shadows. An empire lasted less. Thus, in lowercase for those who deserve them.

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