EL EXTRAÑO VIAJE DE UNA LÁGRIMA FEMENINA

En muchas ocasiones, un actor de otro universo puede estudiar sin condición alguna de impregnarse a otro mundo, digamos desde un ángulo aséptico y no por ser coexistentes, puedan cohabitar en un mundo psicoesférico.

Tal podría ser un estudio del hombre sobre la mujer o viceversa. Un estudio imaginario, no por ser irreal, sino por estar tan cerca que sólo el sueño visceral de atracción mutua, puede construir una historia entre individuos criados uno al lado del otro pero a veces con una separación infinita y a la vez orbital. Siempre nos encontraremos en una línea imaginaria frente a frente. Es una ley implacable, desestimada por los dioses, por saturnina, anárquica, inestable, autárquica y entrópica. Dejen equivocarme, equivoquémonos. Disculpen las molestias.

Hay siempre un velo misterioso sin alardes, sin costuras en la mujer, semitransparente que nunca nos deja ver del todo el verdadero rostro, es quizá uno de sus múltiples atractivos, el estelar. En esto, el hombre es más simple y así, el universo sigue su juego. El deseo son nuestros ojos.

De un tiempo a esta tarde, he estado observando a las mujeres en un acto tremendamente sideral en el rostro femenino. Llorar. En estos tiempos, las lágrimas vuelan, navegan, inspeccionan el exterior. Ellas, vosotras, lloráis. Y os he estudiado, y he resuelto un enigma, mi enigma, sensorial, extraoficial, anodino, escondido, y a la vez hermoso.

Cuando una mujer llora, no llora por lo que parece que llora. Es tremendo, un exoplaneta con atmósfera de ternura, un gas licuado y licuoso recubre el aura de la cara femenina, es el velo de la supervivencia aprehendida. Es una tinta invisible con tentáculos que recogen a dios y al diablo.

Lloran dos veces, el despegue del cohete necesita una potencia extrema, la lágrima empieza su viaje pero este no es su destino, ni su objetivo. La lágrima estaba preparada, la inducción fue un chasquido de mechero, el viaje y el destino de esas lágrimas sólo lo sabe ella. Y queda para ella, dentro de su velo, y de su vuelo.

Un extraordinario viaje, bello, complejo, autista, exhibicionista, explosivo e implosivo, profundo y delicado, rocoso. Naturalmente consecuente y a la vez infantil. Madurez. Belleza. Inquietante.

El velo entra en acción, nadie sabe por qué llora nunca una mujer. Sólo ella. El acto de llorar no involucra inmediatez. Seguramente llevaba llorando un mes pero las lágrimas despegaron el día que programaron el viaje. Es parte del misterio de lo que se enseña y no se ve. Un universo recogido en el pañuelo de Isis.

Un mundo paralelo, solo para ellas, cosas de Diosas.

G.R.M.

THE STRANGE JOURNEY OF A FEMALE TEAR

On many occasions, an actor from another universe can study without any condition of being impregnated into another world, let’s say from an aseptic angle and not because they coexist, they can coexist in a psychospheric world. Such could be a study of man on woman or vice versa. An imaginary study, not because it is unreal, but because it is so close that only the visceral dream of mutual attraction can build a story between individuals raised side by side but sometimes with an infinite and at the same time orbital separation. We will always find ourselves in an imaginary line face to face. It is an implacable law, dismissed by the gods, as saturnine, anarchic, unstable, autarkic and entropic. Let me be wrong, let’s be wrong. Sorry for the inconvenience. There is always a mysterious veil without boasting, without seams in women, semitransparent that never lets us fully see her true face, it is perhaps one of her many attractions, her stellar one. In this, man is simpler and thus the universe follows his game. Desire is our eyes. For some time this afternoon, I have been observing women in a tremendously sidereal act on the female face. Cry. In these times, tears fly, sail, inspect the exterior. They, you, cry. And I have studied you, and I have solved an enigma, my enigma, sensory, unofficial, anodyne, hidden, and at the same time beautiful. When a woman cries, she does not cry so it seems that she cries. It is tremendous, an exoplanet with an atmosphere of tenderness, a liquefied and liquefied gas covers the aura of the female face, it is the veil of apprehended survival. It is an invisible ink with tentacles that collect God and the devil. They cry twice, the launch of the rocket requires extreme power, the tear begins its journey but this is not its destination, nor its objective. The tear was ready, the induction was a click of the lighter, the journey and the destination of those tears only she knows. And it remains for her, within her veil, and her flight. An extraordinary journey, beautiful, complex, autistic, exhibitionist, explosive and implosive, deep and delicate, rocky. Naturally consistent and at the same time childish. Maturity. Beauty. Disturbing. The veil kicks in, no one knows why a woman ever cries. Only her. The act of crying does not involve immediacy. She surely had been crying for a month but the tears took off the day they scheduled the trip. It is part of the mystery of what is taught and not seen. A universe collected in the handkerchief of Isis. A parallel world, just for them, things of Goddesses.

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