¡ES LA GUERRA! Entropía casera

entropia

Hoy es un día de esos. Estás en blanco. Lo he intentado por todos los medios. Escribiré de tristezas o realidades porque no me sale nada alegre. Intento regocijar pero el teclado me dice que me vaya a acostar. Imposible o nada, elige. ¿Puedo elegir elegir? Ni me contestan, qué más da.

El espejo me ha dicho que no me quiere ver, por cansino. Sigo mi camino. Y María, que no existe, me ha dicho (también) que me ponga a cocinar, que haga escritura entrópica, esto es, no lo sé.

Mi perro me habla y esta vez le contesto. El café se derrama, el sol ilumina y mi pie ladra. Los segundos se atrasan y las horas se adelantan, y el reloj, sumergido en el agua, flota. En la ventana hay alguien. Pero vivo en un tercero y es la tercera vez que me dicen (otra vez) que me acueste. ventana

Me acuesto y la sábana, cruel, me dice que la deje en paz, que la plancha está fría. El calor me sube, y el frío también, pero no es fiebre. La veo, y con desprecio se va, no me abandona porque no me ha llegado a poseer. No empieces que te veo, me dice un dicho. Le he dicho al dicho que qué tal, que qué, es lo único que he recibido por respuesta y no más propuestas.

Quedo yo. ¿Cómo estás? Y no me contesto. Mala cosa. Ni siquiera hay eco.

Y es que hoy iba a escribir algo grande. Busqué “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu, escrito hace 22 millones se horas. Y me dije, voy a componer sobre la similitud encriptada de la actualidad y este clásico de la literatura china y universal. Y no me ha dicho que:

Todo el mundo elogia la victoria en la batalla, pero lo verdaderamente deseable es poder ver el mundo de lo sutil y darte cuenta del mundo de lo oculto, hasta el punto de ser capaz de alcanzar la victoria donde no existe forma. sun_tzu

¿Entonces? ¡Que esta batalla la vamos a ganar!

— ¿Alguien no me contesta?

— ¿Merluzo! — dicen por ahí .

— ¡¿Ahora hay eco?!

— ¡Soy yo, el perro!

— ¡Pues cierra la ventana y dile a mi reflejo que se vaya por el espejo, que voy a hacer lentejas!

— ¡Guau, guau! — Volvió a sonar el eco…

G.R.M.

IT’S WAR! HOME ENTROPY

Today’s one of those days. You are blank. I have tried by all means. I will write about sadness or realities because nothing happy comes out. I try to rejoice but the keyboard tells me to go to bed. Impossible or nothing, choose. Can I choose to choose? They don’t even answer me, what difference does it make?
The mirror has told me that he does not want to see me, because he is tired. I follow my path. And Maria, who doesn’t exist, has told me (also) to start cooking, to do entropic writing, that is, I don’t know.
My dog ​​talks to me and this time I answer him. Coffee spills, the sun shines and my foot barks. The seconds are lagging and the hours are ticking, and the watch, submerged in water, floats. Someone is in the window. But I live in a third party and it is the third time that they tell me (again) to go to bed.
I lie down and the sheet, cruel, tells me to leave it alone, that the iron is cold. The heat rises, and the cold also, but it is not a fever. I see her, and with contempt she leaves, she does not abandon me because she has not come to possess me. Don’t start seeing you, a saying tells me. I have said to the saying that how about, what, is the only thing I have received for an answer and no more proposals.
I remain. How are you? And I do not answer. Bad thing. There is not even an echo.
And is that today I was going to write something big. I looked up “The Art of War” by Sun Tzu, written 22 million hours ago. And I said to myself, I’m going to write about the encrypted similarity of today and this classic of Chinese and universal literature. And you haven’t told me that:
Everyone praises victory in battle, but what is truly desirable is being able to see the world of the subtle and realize the world of the hidden, to the point of being able to achieve victory where there is no way.
So? We are going to win this battle!
— Does anyone not answer me?
— Hake! — they say over there.
— Is there an echo now ?!
— It’s me, the dog!
— Well, close the window and tell my reflection to go through the mirror, I’m going to make lentils!
— Woof, woof! — The echo sounded again …