EL ESTRAMBÓTICO DOCTOR ARANDA

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Lo conocí allá por 1851 en Londres. Huyó de su patria por su desmesurada arcaica forma de sentir el futuro cuyos vecinos intuían experimentos como el colmo de la astucia invertida en forma de idiotez, o sea, la locura.

Residía en un barrio acomodado de la zona 1, métricamente hablando. Vestía levita con buen corte eso sí, roída, negro zaíno tirando a berrendo recordando cuernos patrios de redondas camas.

La edad, diez años robados al pasado siglo rondaba los 61. Perfecta para que lo escuchen los cuervos del parque londinero tan londinense y victoriano que al pisar la hierba húmeda se le concedía el título de Don.

Don Crisóstomo de Aranda. De Jung arquetipo aquí, allí andrajo de tapia de cemento cementerio. Sí, tuvo que escapar sólo con lo puesto, sus ideas. Y al desembarcar, abrió su cabeza y salieron de su maleta los pensamientos.

– ¡No estiramos la pata bien, ese es el problema!, decía.

– ¡La resolución y revolución ha de ser inversamente proporcional a la última estupidez, ahí es donde debemos empezar!, añadía.

En una cubeta de pub quería arreglar los problemas del globo. Y entonces corrió hacia mí, sentado junto a el, humo de tabaco, risas, cervezas y mujeres acomodaticias, una escalada hacia abajo, runruneando un escalofrío de terciopelo por el sillón de mi espalda.

Fue cuando especuló, madrid

– Lo sé, me faltan años para conseguirlo pero es factible y posible, la especie humana, nosotros, debemos nacer con noventa años y morir al nacer, esto es, con cero primaveras, ¿me entiende usted?

Y allí seguidamente falleció con cara de bebé. Entonces me di cuenta que estábamos en Madrid, 1912. No le faltaba razón al estrambótico doctor Aranda, sólo había errado en 29 años. Lo consiguió. Su astucia comprendí, era la fuerza motriz del nacido y no la cargada mochila con soga arrastrada cuando envejecemos.

El barco de ida y vuelta esta vez lo asió en alta mar, en ambos mundos y en ninguno.

Me levanté saqué un pitillo y pregunté a los niños que había a mi lado absorbiendo whisky,

– Can I have lighter, please?…  Y un cuervo negro Spain revoloteó Chelsea.

G.R-M.

 

THE BIZARRE DOCTOR ARANDA

I met him back in 1851 in London. He fled from his homeland for his disproportionate archaic way of feeling the future whose neighbors sensed experiments as the height of cunning inverted in the form of idiocy, that is, madness.
I lived in an affluent neighborhood of zone 1, metrically speaking. He wore a levita with a good cut, yes, worn out, a black zaíno pulling to a braid, reminding patriotic horns of round beds.
The age, ten years stolen in the last century was around 61. Perfect to be heard by the crows of London’s London park and Victorian who stepped on the wet grass was granted the title of Don.
Don Crisostomo de Aranda. From Jung archetype here, there rag of cemetery cement wall. Yes, he had to escape only with the post, his ideas. And when he disembarked, he opened his head and left his suitcase with his thoughts.
– We do not stretch the leg well, that’s the problem !, he said.
– The resolution and revolution has to be inversely proportional to the last stupidity, that’s where we should start !, he added.
In a pub bucket he wanted to fix the problems of the globe. And then he ran to me, sitting next to him, tobacco smoke, laughter, beers and accommodating women, climbing down, a velvet shiver running down the armchair on my back.
It was when he speculated,
– I know, I have years to get it but it is feasible and possible, the human species, we, we must be born with ninety years and die at birth, that is, with zero springs, do you understand me?
And there he died with the face of a baby. Then I realized that we were in Madrid, 1912. He was not lacking in reason to the outlandish Dr. Aranda, he had only erred in 29 years. He got it. His cunning I understood, was the driving force of the born and not the loaded backpack with rope dragged when we grow old.
The round-trip boat caught him at sea this time, in both worlds and none.
I got up and took out a cigarette and asked the children who were next to me to drink whiskey,
– Can I have lighter, please? … And a black raven Spain fluttered Chelsea.